domingo, 29 de enero de 2023

Richard Aldington ( Portsmouth 1892 - Sury-en-Vaux , Cher, Francia 1962)

 


I n f a n c i a   ( fragmento)                 

I

La amargura, la tristeza, la miseria de la infancia

extinguieron mi amor por dios.

No puedo creer en su bondad,

pero sí creo en muchos dioses vengadores.

Sobre todo, creo

en dioses de implacable monotonía,

crueles dioses locales

que marcaron mi infancia.

 

II

He visto a personas poner

una crisálida en una caja de fósforos,

“para ver”, me decían, “en qué tipo de mariposa nocturna se convertiría”.

Pero cuando rompía su cáscara

resbalaba, tropezaba y caía en su prisión,

intentaba trepar hacia la luz

en busca de espacio para secar sus alas.

Así era yo.

Alguien encontró mi crisálida

y la encerró en una cajita de fósforos.

Se golpearon mis alas marchitas,

sus colores se convirtieron en escamas grisáceas

antes de que abrieran la caja

y la mariposa pudiera volar.

Y para entonces ya era muy tarde,

porque la preciosidad que tiene un niño,

y las cosas buenas que aprende antes de nacer

cambiaron, así como cambiaron las escamas de la mariposa.

 

traducido por Ninette S. Aravena



 C H I L D H O O D

I

The bitterness, the misery, the wretchedness of childhood
put me out of love with God.
I can’t believe in God’s goodness;
I can believe
In many avenging gods.
Most of all I believe
In gods of bitter dullness,
Cruel local gods
Who seared my childhood.

II

I’ve seen people put
A chrysalis in a match-box,
“To see,” they told me, “what sort of moth would come.”
But when it broke its shell
It slipped and stumbled and fell about its prison
And tried to climb to the light
For space to dry its wings.

That’s how I was.
Somebody found my chrysalis
And shut it in a match-box.
My shrivelled wings were beaten,
Shed their colours in dusty scales
Before the box was opened
For the moth to fly.

And then it was too late,
Because the beauty a child has,
And the beautiful things it learns before its birth,
Were shed, like moth-scales, from me.

 

sábado, 14 de enero de 2023

Mariana Finochietto (General Belgrano, provincia de Buenos Aires, 1971)

 



Algunos hombres

llevan

tan honda en los huesos la tristeza

que no se sabe

si alguna vez

les ha correspondido la felicidad

o están hechos

para la pena.

Conocí

a un hombre que llevaba

entre las manos

aguas tristes.

Ríos mansos

caían de sus dedos,

inundaban

la tierra.

Sobre el agua

su paso

se extendía

como el de un pequeño rey

de una patria salvaje

que ha perdido

su reino

para siempre.




 

Observo


mi cuerpo,


la sombra de mi cuerpo extendida en la tierra,


esa porción de mundo


que no es mía y me apropio


tapando el sol.

 


Mi oscuridad es otra;


lo que espera en la calma del viento,


inasible


como el polvo suspendido en el aire.

 


Lo que hace hermosa la carne,


me digo,


es la fragilidad.


Mi cuerpo,


que aún huele a fruto devorado en la tarde,


aprende a ser leve y fugaz.

 

 

domingo, 8 de enero de 2023

"La Pasión" de Pedro Mairal

 





Un médico al que no le gusta el fútbol está almorzando con dos matrimonios amigos, por Núñez, en una larga sobremesa de domingo. Uno de los amigos mira por debajo de la mesa su BlackBerry y dice: “¡Vamos! San Lorenzo metió un gol en el último minuto. Terminó el partido. Están jugando acá en River”. Los amigos del médico discuten sobre San Lorenzo. Uno es de San Lorenzo; el otro, de Boca. El los escucha cansado, mirándose con las esposas respectivas, hartos todos del tema, y se pone a argumentar contra el fútbol.

Afuera hay unas corridas a la salida del estadio. Aconsejan en el restaurante esperar un poco, y cierran la puerta.

Después salen. Hay un tumulto en la esquina. Se acercan. La gente pide un médico. Contra un poste de luz, ven a un hincha de San Lorenzo sentado sobre su propio charco de sangre. El médico duda, se acerca, lo revisa. El tipo le pregunta si se va a morir. El médico no le contesta. Le mira la herida, trata de frenar la hemorragia. Llama a una ambulancia y se arrodilla al lado de él. El hincha, otra vez, le pregunta si se va a morir. El médico le dice que puede ser. El hincha está en estado de gracia. Se ríe a carcajadas pero a la vez grita de dolor. El médico lo acompaña en su agonía.

El hincha le pregunta: “¿De qué cuadro sos”. “No me gusta el fútbol”, dice el médico. “Entonces ahora sos de San Lorenzo”, le dice, se saca la bandera que lleva en los hombros y se la pone al médico. “Mi pasión ahora es tuya”, le dice. El médico se mira la bandera como bufanda colgada del cuello, la agarra y en ese momento el hincha le agarra las manos, se las aprieta y lo trae contra sí como si lo fuera a zamarrear o a decirle un secreto; no lo suelta. Es un tipo grandote y fuerte. Se aferra a la vida muriéndose, yéndose. Es un momento íntimo. Se escucha la respiración agónica. Finalmente, el hincha le dice al oído: “Aguantame los trapos”. Y se muere.

Llegan otros barras corriendo. Lo empiezan a levantar. El médico les dice que ya no hay nada que hacer. Es mi hermano, dice uno. El médico le dice: “Me dio esto”, le quiere devolver la bandera. El hermano le mira la camisa blanca ensangrentada, las manos. Le dice: si te la dio, es tuya.
Se lo llevan en andas. Llega la ambulancia. El médico queda ahí parado en medio de la gente que mira.
Una semana después está dando una conferencia en Europa, en un congreso de medicina. Habla en inglés, lo aplauden. Se va a sentar para escuchar a otros, pero no puede dejar de mirar en su iPhone cómo va el marcador del partido de San Lorenzo. 

sábado, 7 de enero de 2023

Raul Tamargo (Buenos Aires ,1958 )

 




Las cosas

nos sentamos a mirar los cuerpos de los pájaros

sus trajines

sus volares

con un libro de aves en la mano

aún no podemos estar

sin conocer los nombres de las cosas


Algarrobos

dicen que tiene unos doscientos años

tal vez más

tal vez menos

(nadie ve decrepitud en la vejez de un árbol)

quisiéramos envejecer igual que él

ser sombra en el verano

sobre la casa de los amigos

cobijo de sus juegos

mojón de los perdidos

con los brazos en alto

indiferentes a los cálculos humanos



entre los desperdicios de la obra

un algarrobo guacho

una ofrenda

una señal contra corriente

la vida de los montes da batalla

enseña al que tiene deseos de aprender

da luz sobre el secreto

(pensamos)

de resistir en fiesta


algarrobito guacho

maestro mudo de la paciencia

vemos ahora tu intención

de levantar los brazos sobre el muro del sur

y saludar al algarrobo viejo

como nosotros lo hacemos

con nuestros amigos

cuando toman su sombra

mientras te riego

no pienso que ayudo a tu vitalidad o a tu salud

pienso que apuro el paso de tu compañía