sábado, 18 de julio de 2015

Vicente Huidobro (Santiago 1893- Cartagena 1948)




Ella

Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza

Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla

Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma

Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas



 

Arte Poética



Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.

Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.

El poeta es un pequeño Dios.



Del poemario " El espejo del agua" Buenos Aires 1916

miércoles, 15 de julio de 2015

Dolores Etchecopar ( Buenos Aires 1956 )



10


antes de morir
mi hermano mayor descorrió
el telón de su ojo de fotógrafo
me pidió que no me moviera
que mirara fijo
con la flor detenida de su vida en mi mano


29

Tengo miedo
te abrazo con estas palabras
que salen de sus guaridas
como animales
de una rara tristeza

de El Comienzo hilos editora 2010


No sé las palabras
Yo no sé decir las palabras
No sé decir el mar la olla el sueño
No sé la palabra narcótica
que los días iguales susurran
No sé las palabras que hablan solas y de prisa
No sé decir la luna
ni su rodilla lastimada sobre el cerro
No sé decir hoy es un día
una calle
un gemido
una época remota del deseo
En este lugar oscuro y sin noticias
llevo mi piedra de lágrimas
unas palabras que nada dicen
y muy lentamente


domingo, 12 de julio de 2015

Edgardo Zotto (Rosario 1947,2014)



Tiempos


Había un tiempo para pastos ralos.

Otro para la intensidad del verdor
y el súbito trabajo de la escarcha.

Uno también para la tierra sola
que poco después alumbrarían
los timidos brotes transparentes.

En este sitio
las cosas
han cambiado.

Alguien borro las diferencias.

Un perfecto césped falso
que incluye la obscenidad
de no pisar
teje y desteje todo el tiempo
la mentira
resplandeciente




Recuerdos del desierto

Creo que estuve ahí
pero no estoy seguro;

y la plenitud
de un movimiento único.

Sé que a veces
sueño con volver.

Tal vez no estuve ahí
y cada grano que ardía,
cada gota negada

fuese parte del rumor
de las palabras errantes
que siempre están naciendo.

 de Buceo de Mansalva (2010)

domingo, 5 de julio de 2015

Ricardo Herrera (Buenos Aires 1949)







La Piedad 1424
De verdad me alegré cuando encontré esta casa
que debe ser tan vieja como yo. Me atraía
el nombre de la calle, me incitaba
a indultar el pasado, a olvidar la crueldad.
Y me acogí con gusto al sobrio amparo
de estos desnudos muros campesinos.
Qué inspirado su nombre, a contramano
de todo lo que corre hacia la nada;
un nombre de otro tiempo, de otro mundo.
Esta casa me ha dado los poemas
de todo el libro; y, con su reciedumbre,
desenterró la infancia sepultada.

En Almuerzo en Traslasierra
Ediciones En Danza, Buenos Aires, 2021.


El mar

¿Qué es lo real, la furia o la ternura?…
No hay presencia ni ausencia en esta hora,
somos fantasmas. Cambia, desfigura
nuestra leyenda, el mar. O nos ignora,
como antes de la dicha. No murmura
el mar, no gime el mar, no clama ahora.
Vuelto resentimiento es una oscura
forma de desamor. Y mi demora
al borde de esa nada, de la playa
en donde moribunda la ola ensaya
un torpe simulacro de poesía,
se parece a esta página. Vacía,
sin vida. El mar, el mar ya no presagia.
Irse, extinguirse, ésa es su última magia. 

Mi sombra 

Me aflige haber mirado hacia el desierto
cuando en el horizonte la ola virgen
fulguraba de azul. 
Me aflige haberme vuelto hacia mi espalda
cuando tu pecho joven
se abrazaba a mi pecho sin pudor. 
No era yo, fue mi sombra
la que torció la vista hacia la nada.
Gocé del mar, gocé tu cuerpo entonces. 
Sacié mi sed de vida para siempre.
Y sin embargo, ahora,
mi sombra me persigue. 
Va deambulando sola
por la casa vacía, por la mente convulsa,
sola con sus fantasmas.

En el jardín

No se mueve una hoja en el jardín.
Un huracán de angustia
se adueña del vacío
que deja la promesa de la vida. 
No se mueve una hoja en el jardín.
Un silencio de eternidad derruida
—como el amigo que no tengo—
me acompaña mientras camino solo. 

El descenso
Entonces descendí a mi propio infierno
por tu amor; escuchándote,
oyéndome, intentando
que tuviese sentido la palabra. 
En lo insondable de mi vieja herida,
enmudecí; vi cómo se apagaba
en un silencio amorfo y nauseabundo
el resplandor dorado del verano, 
nuestro verano, tras el cual nacía
—sin derroche ni asombro—
oscuramente, otoño:
la exigua aurora de la media muerte.