jueves, 16 de mayo de 2013

Hugo Padeletti ( Alcorta, Santa Fe, 1928)



Limones

Fragmentos

1.
No sé
si el limón me mira
o lo miro.

Cuando poso
la mirada,
sospecho que hay un antes
y un después que se guarda.

Mi mente
lo concierta:
ovoide , mondo…


Y sin embargo,
antes,
era otro.

2.
Cuando el limón reposa
en el plato de loza,
lo modela la luz:


hay una sombra
proyectada
y sombras que revelan su escultura
cerrada,



desde el verde amarillo,
con orillo
de soflama,


hasta un polvo o ceniza que no tapa
lo brillante de abajo
con su capa.

4.
Sólo a la luz del sur
el limón amarillo
muestra sus graderías
de innombrable alegría:

descubro su arco iris
amarillo
que a veces se revela
o se recata.

Va,
desde el verde amarillo al amarillo
naranja,
encubriendo, en el verde, la distancia
del azul, que se evade; en el naranja,
la imponencia del rojo,
que se inhibe.

En la sombra, el violeta
amaga y se retira,
y otra vez se despliega,
cuando vuelvo
del amarillo.

Hay blancos, en el blanco
de la loza,
que resaltan la sombra
del dragón
que desciende y se posa.




6.

Un limón en el plato
es compañía;
dos limones
es diálogo;
tres limones distintos,
armonía
—que no cansa—
de lo uno en lo vario.

12.

No tuve miedo de la oscuridad
porque había en el plato
de peltre tres limones

como tres protectores
dragones en el centro
de la noche.

16.

Las hojas del limón
no se describen:
su lisura,

su brillo
y su verde hermosura
se perciben.


17.

Limonero fragante
de todo el año
nunca falte en el frente
o en el patio.

Pagoda
de los seres alados,
siempre tiene dragones
amarillos
colgados.

Los mirasoles

Parados en la tarde te miramos
con las tensas cabezas inflamadas.
Parados en la tarde te llamamos
y tú te marchas.


Todo el día mirando, todo el día
girando
y tú te marchas.

Cae la noche, caen
nuestras cabezas desplomadas.
Parados en la noche te invocamos,
y tú no pasas.

En la noche siniestra el solitario
jinete galopando se adelanta
y se pierde en la noche, entre las chacras
y tú no pasas.

Parados en la aurora te aguardamos,
te miramos,
y tu te marchas.
¡Tan hermoso y brillante te miramos
entrar por la mañana!

Pero el tiempo es redondo,
todo el tiempo,
y tú te marchas.


Pulmones


Siento la vibración
del aire, la invasora
y envolvente,
que se difunde por mi sangre.

Cómo fluye en mí, ilimitado,
por la unidad que soy, en este instante
fugitivo.

Las bestias están dentro
cada una en el sueño.
Solo ella penetra y nos inunda
de luminosa oscuridad.

Y siento, en esta noche
húmeda y penetrante,
abriéndome y hundiéndome
en la espesura tan hermosa:

Vivir es el laurel
y su sombra negada;

es entrar en la sombra
cuando la sombra se avecina.


EL ARBOL DE LA CULPA

5

¿Nadie sabe qué es
. . . . el helecho,
este milagro que respira?

¿Nadie sabe qué es
. . . . el gorrión,
que salta en el suelo y se va,
. . . . que vuela en el cielo?

¿Nadie sabe qué es este momento
. . . . de aire como miel,
que ya no es este momento?

Nadie sabe qué es
. . . . el corazón que late,
el tiempo que late y combate
. . . . y los grandes espacios
abiertos, que palpitan.
del El andariego


domingo, 5 de mayo de 2013

Hugo Padeletti (Alcorta , Santa fe, 1928)




Cómo se lee un poema


Pido perdón por estas tres hojitas que voy a leer. Sé que la expresión improvisada es más vivida, aunque menos exacta, pero en estos siete años de alejamiento de los claustros universitarios he olvidado casi todo lo que aprendí y me cuesta extraer como de un pozo lo poco que sé. El tiempo elástico de la escritura me ayuda a lograrlo. No voy a hacer por lo tanto una exposición doctoral de cómo debe leerse un poema. Eso, como dije, ha quedado atrás. Actualmente me considero sólo un poeta. Además, he hecho ejercicios de origen budista para vaciar mi mente del exceso de conceptos, para tenerla disponible para lo que se presente en el momento. Ustedes conocerán probablemente la anécdota del erudito occidental que fue a visitar a un sabio budista para preguntarle por el sentido del budismo. Mientras el monje preparaba el té, el erudito se explayaba en la exposición de sus innumerables conocimientos. Cuando el té estuvo listo, el monje pidió al occidental que acercara su taza y fue vertiendo el té hasta que éste desbordó de la taza, llenó el platillo y amenazaba con chorrear sobre el suelo. ¿Qué pasa?, preguntó el erudito, ¿no ve usted que la taza está desbordando? Así está su mente, contestó el sabio. ¿Cómo podría entrar en ella el sentido del budismo? No sólo el sentido del budismo requiere una mente vacía -o vaciada- sino también el sentido de un poema.
Cuando voy a leer un poema me presento a él con la mente libre de pre-conceptos. Primero hago una lectura global no analítica para tener una primera impresión. Generalmente basta para saber si el poema es bueno o no. Cuando éste está escrito en una lengua extranjera que no domino completamente pero cuyas estructuras fundamentales conozco, como me ocurre con el inglés, lo primero que observo es la construcción sintáctica; es la armadura, el hueso del poema, su columna vertebral. Luego observo la constelación de imágenes; ésta me da el clima del poema. Finalmente hago una traducción, que es mi lectura de ese poema. Si éste está escrito en mi propia lengua, el proceso es el mismo, sólo que no tengo que hacer la traducción. Si la estructura sintáctica es coherente y animada, el poema tiene vida. Casi seguramente, también tiene una buena estructura sonora, porque la sintaxis determina el fraseo, que es -más allá de la métrica- el verdadero ritmo del poema. Luego veo si la constelación de imágenes es realmente una constelación; es decir, si es coherente, si las imágenes se apoyan y refuerzan mutuamente o si chocan y se neutralizan. En este último caso el poema es malo. Luego trato de ver si hay una ilación conceptual explícita o si el sentido está en la constelación imaginaria y sonora.
Hay tres clases básicas de poemas: 1) los que tienen un hilo conductor conceptual, generalmente con disminución de los elementos imaginario y sonoro; 2) los que consisten esencialmente en imágenes, con probable disminución de los aspectos conceptual y sonoro; 3) los que ponen el acento en la música de las palabras: en la métrica, el ritmo, asonancias, consonancias y disonancias, paronomasias y juegos de vocablos en general, subordinando esto al sentido conceptual y en parte al imaginario. De más está decir que estas tres categorías rara vez se dan puras sino combinadas. Los tres elementos fundamentales del lenguaje: concepto, imagen y sonido pueden entrar en combinaciones múltiples, como lo prueba la apabullante variedad de la poesía a través de las lenguas y los siglos.
Si se trata de un poema principalmente conceptual, los conceptos nos guían desde el principio hasta el fin, las imágenes ilustran los conceptos y el ritmo los va articulando. Pero ojo, que un poema conceptual, pese su claridad, que a veces se complica en deliberada oscuridad y dificultad, puede ser muy poco poético. Si el poema está compuesto básicamente de imágenes, es importante ver si hay una buena organización o simplemente una acumulación de ellas, la acumulación incoherente de imágenes es el recurso favorito de los malos poetas. Si el poema es esencialmente sonoro hay que descubrir si es significante, si no es un mero juego de vocablos. Hay un tope que este último tipo de poesía no puede sobrepasar: la anulación del concepto y de la imagen; si esto ocurre no hay ya lenguaje y por lo tanto tampoco poesía; ciertas experiencias extremistas lo han probado. Si el poema, como ocurre en la mayoría de los casos, consiste en una dosificación variada de los tres elementos constitutivos, importa ver qué papel juega cada parte en el conjunto y saber apreciarlo.
Un problema que se plantea frecuentemente es el del hermetismo de cierta poesía. Un poema puede ser hermético porque es incoherente, o porque tiene una articulación muy compleja de concepto, imagen o sonido, o de las tres a la vez, o porque intenta comunicar experiencias inefables. Está el hermetismo sintáctico de Góngora, el hermetismo por elipsis de ciertos sonetos de Mallarmé, el hermetismo esotérico de Lubicz Milosz y el hermetismo transparente, al menos para el que tiene siquiera una vislumbre de la experiencia mística, de San Juan de la Cruz. Hay una clase de hermetismo que sólo se da, creo, en la poesía contemporánea: es el de los poetas que parecen esforzarse intencionalmente por no decir nada: construyen una textura verbal vacía en el vacío. En este último caso, especialmente, pero en todos los casos hasta cierto punto, un recurso muy efectivo es el de la familiarización: aprender de memoria el poema hasta que forme parte de nuestro propio ser.
Recuerdo una experiencia que hice cuando era estudiante de filosofía en la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba. La materia Metafísica consistía exclusivamente en la lectura de cuatro libros. Uno de ellos era la Introducción a la metafísica de Heidegger. Yo era alumno libre desde Rosario, y no contaba con la ayuda constante del profesor, que era excelente: nada menos que Juan Adolfo Vázquez, entonces director de la colección de filosofía de Sudamericana. Recuerdo que leí tres veces la traducción al castellano y copié en un cuaderno las partes más difíciles sin lograr ningún avance. Conseguí entonces una versión francesa autorizada por el mismo Heidegger y continué mis lecturas con la ayuda de un amigo filósofo que había estudiado a Heidegger en Alemania y en alemán. Él me hizo la traducción literal de los pasajes más significativos. Aquí hay que recordar que Heidegger es un filósofo-poeta que crea de cabo a rabo su propio lenguaje aprovechando la ventaja de que el alemán, lengua aglutinante, permite formar siempre nuevas palabras por yuxtaposición de otras o partes de otras. Después de todo este esfuerzo, no puedo decir que haya logrado traducir a Heidegger a un lenguaje filosófico convencional, pero sí que la obra se abrió dentro de mí y toda ella me resultó luminosa. Fue casi una experiencia mística.
Éste es el esfuerzo que nos exigen los poetas auténticamente herméticos:que hagamos nuestra su poesía por la incansable relectura y, algunas veces, memorización. En ciertos casos también hace falta análisis, información, leer las notas del poeta y de sus exégetas y los libros que influyeron. Pero hay una clase de hermetismo que no se justifica estéticamente; es el hermetismo por exceso de individualidad: cuando el poeta, en vez de símbolos universales utiliza símbolos exclusivamente personales y alusiones a sus propias experiencias privadas que no se explican en ninguna parte. Éste, además de la abundancia de material no poético, es el defecto que hace ilegibles, salvo fragmentos, los Cantos de Ezra Pound, el más importante ejemplo de este tipo de hermetismo. Habría que leerlo con un diccionario explicativo, si pudiera hacerse, pero aun así sería muy engorroso .
A mí los poemas que más me gusta leer son los intensamente líricos y a la vez metafísicos, de forma más bien cerrada que invita a volver sobre ella. Me cuestan los poemas narrativos y los poemas-río, que empiezan en cualquier lado, fluyen largamente en cualquier dirección y terminan inesperadamente en cualquier momento. Siempre he considerado importante -como en los buenos cuentos- el final del poema, un final que lo cierra definitivamente pero que al mismo tiempo lo abre para la relectura, que nos reenvía al primer verso, haciéndonos recorrer innumerables circunferencias en torno a un centro, circunferencias que encierran la pulpa sabrosa que no se consume al comerla sino que cada vez tiene un sabor distinto y como enriquecido. Estos poemas esféricos que vuelven sobre sí mismos se mueven internamente, para decirlo con las palabras de Eliot, 'como se mueve un jarrón chino inmóvil / perpetuamente en su inmovilidad'.
Como habrán observado, he hecho hincapié en la lectura intuitiva del poema. Pero no ignoro que el análisis puede arrojarnos a la boca frutos sabrosísimos. Recuerdo que hace unos diez años yo dictaba en el Instituto Superior de Música de la Universidad Nacional de Rosario una Integración Cultural de cuatro años que culminaba en un curso de Estética y que comprendía un año de Poética. Empezábamos con Bécquer y terminábamos con los Cuatro Cuartetos. Recuerdo la decepción de los alumnos cuando empecé con la lectura y análisis de 'Del salón en el ángulo obscuro...', un poema tan fácil, tan simple y resabido. Pero me llevó más de un mes analizar la riqueza de las sonoridades en relación con el sentido, las correspondencias entre concepto y concepto, imagen e imagen, concepto e imagen. Recuerdo también el asombro de los alumnos al ver convertirse la humilde semillita de mostaza en semilla del universo. Creo que no olvidarán en su vida que todo poema, como el Lázaro de la rima, necesita una voz que le diga: -Levántate y anda-. Lo único que no puede hacer, desgraciadamente, la buena lectura es transformar un poema malo en un poema bueno. Esto sólo puede hacerlo Berta Singerman (y no es broma).
Quiero recordar, por último, que un buen poema es una obra de arte. Que más allá de lo que el poeta dice -información, concepción del mundo, comunicación de experiencias, 'mensaje', como se decía antes- el poema es un objeto de belleza, la función de la belleza en la vida de un individuo y de una cultura es incomparable e irreemplazable. Por eso quiero terminar recordando los versos del Endymion de Keats: 'A thing of beauty is a joy for ever; / its loveliness increases; it will never / pass into nothingness'. Que más o menos puede interpretarse: 'Un objeto de belleza -una obra de arte- es un gozo para siempre; su encanto se acrecienta, nunca pasará a la nada. O, para decirlo con palabras de una poeta contemporánea (Marianne Moore): 'Beauty is everlasting and dust is for a time'. La belleza es eterna; el polvo sólo por un tiempo.

*Leído en un encuentro de poesía realizado en Buenos Aires.

domingo, 21 de abril de 2013

Delmore Schwartz (Brooklyn, 1913- New York City 1966)


Baudelaire

Cuando duermo, e inclusive cuando sueño,
oigo nítidamente, voces que pronuncian
frases enteras, lugares comunes y trivialidades,
que nada tiene que ver con mis asuntos.

Querida madre: ¿nos queda algo de tiempo
para ser felices? Mis deudas son inmensas.
Mi cuenta bancaria está supeditada a la justicia.
Nada sé. Nada puedo saber.
He perdido hasta la habilidad de esforzarme.
Pero ahora como antes mi amor por ti se expande
Siempre estas preparada para lapidarme, siempre.
Esto es cierto, viene desde la infancia.

Por primera vez en mi larga vida,
soy casi feliz. El libro está casi terminado.
Y casi parece bueno. Perdurará como un monumento
a mis obsesiones, a mi odio y amargura.

Las deudas y la inquietud persisten, y me debilitan.
Satán se desliza detrás de mí, diciendo dulcemente:
"¡Descansa por hoy! Puedes descansar y divertirte hoy.
Esta noche tendremos trabajo". Cuando llega la noche,
mi mente aterrorizada por las demoras,
llena de tristeza y paralizada por la impotencia,
promete: Mañana, lo haré mañana.
Mañana se representará la misma comedia
Con la misma resolución, la misma debilidad.

Estoy enfermo de esta vida perfectamente amueblada.
Estoy enfermo de los catarros y los dolores de cabeza:
ya conoces mis extrañas costumbres. Cada día trae
su dosis de cólera. Tú apenas si conoces
la vida de un poeta, querida madre: Tengo que escribir,
la más fatigosa de las ocupaciones.

Esta mañana me siento triste. No me lo reproches.
Te escribo desde un café cercano a la oficina del correo,
entre el ruido de las bolas de billar, el tintineo de los platos,
y el martilleo de mi cabeza. He estado pensando en escribir
"Una historia de la caricatura". He estado pensando en escribir
"Una historia de la escultura". ¿Escribiré una historia
de las caricaturas y las esculturas de ti en mi corazón?

Aunque esto te ocasione una agonía infinita,
aunque consideres que eso no es necesario
y dudes de que la suma sea resulte adecuada,
por favor envíame dinero, al menos para tres semanas.

Traducido por Walter Cassara y Daniela Camozzi

publicado en Hablar de Poesia 26


Baudelaire

When I fall asleep, and even during sleep,
I hear, quite distinctly, voices speaking
Whole phrases, commonplace and trivial,
Having no relation to my affairs.

Dear Mother, is any time left to us
In which to be happy? My debts are immense.
My bank account is subject to the court’s judgment.
I know nothing. I cannot know anything.
I have lost the ability to make an effort.
But now as before my love for you increases.
You are always armed to stone me, always:
It is true. It dates from childhood.

For the first time in my long life
I am almost happy. The book, almost finished,
Almost seems good. It will endure, a monument
To my obsessions, my hatred, my disgust.

Debts and inquietude persist and weaken me.
Satan glides before me, saying sweetly:
“Rest for a day! You can rest and play today.
Tonight you will work.” When night comes,
My mind, terrified by the arrears,
Bored by sadness, paralyzed by impotence,
Promises: “Tomorrow: I will tomorrow.”
Tomorrow the same comedy enacts itself
With the same resolution, the same weakness.

I am sick of this life of furnished rooms.
I am sick of having colds and headaches:
You know my strange life. Every day brings
Its quota of wrath. You little know
A poet’s life, dear Mother: I must write poems,
The most fatiguing of occupations.

I am sad this morning. Do not reproach me.
I write from a café near the post office,
Amid the click of billiard balls, the clatter of dishes,
The pounding of my heart. I have been asked to write
“A History of Caricature.” I have been asked to write
“A History of Sculpture.” Shall I write a history
Of the caricatures of the sculptures of you in my heart?

Although it costs you countless agony,
Although you cannot believe it necessary,
And doubt that the sum is accurate,
Please send me money enough for at least three weeks.


viernes, 1 de marzo de 2013

Zakaria Mohammed ( Nablus, Palestina, 1951)



Nunca quisiera ser
un árbol en la ladera:
El viento me destrozaría
La humedad arruinaría mis pulmones

Nunca quisiera ser
una roca en el barranco:
El sol desmoronaría mi memoria
La lluvia tajaría mi meñique

Quiero ser una mujer:
El dolor es el fruto de su amor
Con sus dientes ella corta
Lo que la ata a su hijo.




Suicidio



Las bolsas plásticas no tienen alas para volar
pero insisten en intentarlo

Volar es el sueño de todas las criaturas

Es el desespero, más que la esperanza, lo que empuja a estas bolsas alto
hacia el cielo
Ellas rellenan sus pulmones con aire como sapos
y saltan hacia el espacio

La mayoría caerá para ser atrapadas por plantas espinosas

"Déjame sola", llora la bolsa.
"Quiero morir. Quiero lanzarme desde la más alta construcción de Ramallah".

Pero la gente no deja de lanzar bolsas
Las lanzan como dados, viéndolas de reojo
Temiendo que aquellas que logren volar caigan pronto sobre sus cabezas
como cuervos suicidas.


Fósforos



Mis días son fósforos usados
Cada día tomo uno para escribir con su cabeza quemada una letra de mi nombre
y lo arrojo

Yo envidio a aquellos que tienen fósforos intactos en sus cajas
Atrapando el fuego en sus manos son capaces de amenazar al mundo
con un incendio.



El acuerdo



Dejamos al melocotonero muerto
yacer en nuestro jardín
Plantamos una enredadera
para que creciese alrededor de su tronco
Pronto cada centímetro del árbol
se cubrió de hojas
Ahora nuestro melocotonero es verde
incluso en invierno

Este es el acuerdo:
la muerte obtiene la raíz y el fruto
y nosotros obtenemos el premio
de estas falsas hojas verdes

Dolor

Mi dolor es un cántaro
sobre una mesa
No tengo el bastón
para romperlo

Traduccion de G. Leogena

domingo, 24 de febrero de 2013

Jose Lezama Lima (La Habana 1910, Ibid 1976)



El Pabellon del vacio

Voy con el tornillo
preguntando en la pared,
un sonido sin color
un color tapado con un manto.
Pero vacilo y momentáneamente
ciego, apenas puedo sentirme.
De pronto, recuerdo,
con las uñas voy abriendo
el tokonoma en la pared.
Necesito un pequeño vacío,
allí me voy reduciendo
para reaparecer de nuevo,
palparme y poner la frente en su lugar.
Un pequeño vacío en la pared.

Estoy en un café
multiplicador del hastío,
el insistente daiquirí
vuelve como una cara inservible
para morir, para la primavera.
Recorro con las manos
la solapa que me parece fría.
No espero a nadie
e insisto en que alguien tiene que llegar.
De pronto, con la uña
trazo un pequeño hueco en la mesa.
Ya tengo el tokonoma, el vacío,
la compañía insuperable,
la conversación en una esquina de Alejandría.
Estoy con él en una ronda
de patinadores por el Prado.
Era un niño que respiraba
todo el rocío tenaz del cielo,
ya con el vacío, como un gato
que nos rodea todo el cuerpo,
con un silencio lleno de luces.

Tener cerca de lo que nos rodea
y cerca de nuestro cuerpo,
la idea fija de que nuestra alma
y su envoltura caben
en un pequeño vacío en la pared
o en un papel de seda raspado con la uña.
Me voy reduciendo,
soy un punto que desaparece y vuelve
y quepo entero en el tokonoma.
Me hago invisible
y en el reverso recobro mi cuerpo
nadando en una playa,
rodeado de bachilleres con estandartes de nieve,
de matemáticos y de jugadores de pelota
describiendo un helado de mamey.
El vacío es más pequeño que un naipe
y puede ser grande como el cielo,
pero lo podemos hacer con nuestra uña
en el borde de una taza de café
o en el cielo que cae por nuestro hombro.

El principio se une con el tokonoma,
en el vacío se puede esconder un canguro
sin perder su saltante júbilo.
La aparición de una cueva
es misteriosa y va desenrollando su terrible.
Esconderse allí es temblar,
los cuernos de los cazadores resuenan
en el bosque congelado.
Pero el vacío es calmoso,
lo podemos atraer con un hilo
e inaugurarlo en la insignificancia.
Araño en la pared con la uña,
la cal va cayendo
como si fuese un pedazo de la concha
de la tortuga celeste.
¿La aridez en el vacío
es el primer y último camino?
Me duermo, en el tokonoma
evaporo el otro que sigue caminando.

1° de abril y 1976.
(Fragmentos a su Imán, 1970-1976)

lunes, 11 de febrero de 2013

Enrique Puccia (1941 , 2001 Buenos Aires)



Forma Cautiva


La foto esta movida
y quemada en un ángulo.
Sentado ante la mesa
va cayendo la tarde.
Presiento que esta caja
trae consigo un presagio,
la sombra que atraviesa
la luz del horizonte.
Así fue toda la vida,
como si algo ocultara,
esa forma cautiva
de los árboles viejos.


Tiempo de matar

Con mi padre no hablábamos
o reñíamos siempre. Ni siquiera
en los días de muertes o festejos.
Con los años lo quise como
cuando era pequeño. Era un tiempo
en que el mundo se enfrentaba
y moría. La gente se moría
sin réquiem ni sepelio. Los días
transcurrían con la misma tristeza
con que un preso calcula el tiempo
en las paredes. Lo que puede
el terror no se sabe ni dice, se presiente
y se vive como un ave nocturna.

La enfermedad



Llueve en la quietud
de una tarde sin brillo. No se mueven
las cosas y tampoco respiran. Pero algo
se empeña en vivir y golpea. La quietud
del pasillo y el olor a formol. La salud
del enfermo y el rictus en la boca.¿ Habrá
algo que anule la consciencia? . Desinfectan
y vuelven. Y vuelven con más énfasis.


Del libro "La foto esta movida " de Libros de Tierra Firme (2001)

martes, 25 de diciembre de 2012

Lêdo Ivo ( (Maceió, 1924- Sevilla, 2012)




El ratón de la sacristía

Un ratón moraba
en una sacristía.
Era un mal católico
y todo lo roía.
Sólo respetaba la
Santa Eucaristía.

En un lugar sagrado
justo se escondía.
Ni el mismo arzobispo
verlo conseguía.
De día dormía
y a la noche roía.

Como el propio Dios
él era invisible.
A nadie en el mundo
él se aparecía.
Padre y sacristán
siempre lo maldecían.

Ninguna ratonera
ni la misma doctrina
lograba agarrarlo.
Huía a los venenos
como si tuviese
protección divina.

Mal caía la noche
salía de la madriguera
y todo lo roía.
Ni siquiera evitaba
el pechito santo
de la Virgen María.

Huía a los peligros
como como el Diablo a la Cruz.
Qué hambre era la suya !
Ni siquiera evitaba
el dedito del
Niño Jesús.

En una madrugada
cuando él roía
rico ornamento
Dios se le apareció.
Y a la muda censura
él le respondió:

"Nosotros, los roedores,
vuestro santo nombre
invocamos siempre.
Dios sea alabado
que creó la tierra,
los ratones y los hombres.

Fuiste vos, Señor !
Y quien crea un ratón
crea su hambre,
su muela del juicio.
Para que vivamos
roer es preciso".

En silencio Dios
pesó el argumento
y para evitar
su ornamento
y salvar a la Iglesia
no titubeó.

Quien vive tiene hambre?
Roer es preciso?
Dios no lo hace por lo menos.
Para qué veneno?
Llevó al ratoncito
para el Paraíso.


Traducido por Samuel Vasquez

Los murcielagos


Los murciélagos se esconden tras las cornisas
del almacén. ¿Pero dónde se esconden los
hombres,
que vuelan la vida entera en la oscuridad,
chocando contra las paredes blancas del amor?

La casa de nuestro padre estaba llena de
murciélagos
colgados, como luminarias, de las viejas vigas
que apuntalaban el tejado amenazado por las
lluvias.
"Estos hijos nos chupan la sangre", suspiraba
mi padre.

¿Qué hombre tirará la primera piedra a ese
mamífero
que, como él, se nutre de la sangre de los
otros animales
(¡hermano mío! ¡hermano mio!) y,
comunitario, exige
el sudor de su semejante aun en la oscuridad?

En el halo de un seno joven como la noche
se esconde el hombre; en el algodón de su
almohada, en la luz del farol
el hombre guarda las doradas monedas de su
amor.
Pero el murciélago, durmiendo como un
péndulo, sólo guarda el día ofendido.
Al morir, nuestro padre nos dejó (a mis
ocho hermanos y a mi)
su casa donde de noche llovía por las tejas
rotas.
Pagamos la hipoteca y conservamos los
murciélagos.
Y entre nuestras paredes se debaten: ciegos
como nosotros.

De "Finisterra"
Versión de Maricela Terán

Asilo Santa Leopoldina

Todos los días vuelvo a Maceió.
Llego en los barcos desaparecidos, en los
trenes sedientos, en los aviones que sólo
aterrizan al anochecer.
En los quioscos de las plazas blancas pasean
cangrejos.
Entre las piedras de las calles escurren ríos
de azúcar
fluyendo dulcemente de los sacos
almacenados en los trapiches
y aclaran la sangre coagulada de los asesinados.
Así, cuando desembarco tomo el camino del
hospicio.
En la ciudad en que mis antepasados reposan
en cementerios marinos
sólo los locos de mi infancia continúan vivos
y me esperan.
Todos me reconocen y me saludan con
gruñidos
y gestos obscenos o escandalosos.
Cerca, en el cuartel, la cometa que toca
separa la puesta de sol de }a noche estrellada.
Los lánguidos locos danzan y cantan en la
escalinata.
¡Aleluya! ¡Aleluya! Más allá de la piedad
el orden del mundo fulge como una espada.
Y el viento del mar océano llena mis ojos
de lágrimas.
De "La noche misteriosa"
Versión de Maricela Terán

La ventana sin sesgo

Lo que los aviadores ven
a tres mil metros de altura
lo que los mineros ven
derribando árboles de cristal
lo que los buzos ven
dentro del mar, pisando la tierra como quien pisa una flor,
lo que el ciego ve cuando está caminando
lo que los niños creen ver durmiendo
lo que los sonámbulos ven, ante una fuente goteando,
lo que se ve cuando el amor es un abrazo
lo que se ve y lo que no se ve
es lo que estoy viendo ahora
como si en tu mano hubiera una moneda
de corona escondida
y en el cielo el lado oculto de los planetas se revelara.
Veo el mundo con los ojos heridos por las estrellas
y los pulsos quemados por las estaciones.
En el cuarto donde duermo, oigo el rumor de antípodas despiertos
y trópicos resbalan, perpendicularmente, sobre mis párpados
cuando apenas nace el sol en mi sueño.
Duermo en el centro del universo y mi inocencia es enorme
Como el joven amante esclavizado a la hidráulica
de un cuerpo desnudo
asisto al movimiento de las estrellas y a la incursión de las nubes
y mi espíritu festeja este mundo infinito, que jamás se inició
y que jamás terminará,
este mundo que visto de noche es al universo, polvo
como un día que llorara en el hombro de los siglos.
Los que los vivos ven y no olvidan
lo que todo hombre recuerda, la vida entera,
es lo que estoy viendo en este instante.

Traducido por Nidia Hernandez