domingo, 25 de julio de 2010

Primo Levi(Turín, 31 de julio de 1919 -, 11 de abril de 1987)





 

Atardecer en Fossoli

Sé lo que significa no regresar.
A través del alambre de espino.
He visto el sol descender y morir;
He sentido lacerarme la carne
las palabras del viejo poeta.
Los soles pueden descender y regresar:
Para nosotros, cuando la breve luz se apaga,
Hay una noche infinita para ser dormida.

Ii tramono di Fossoli

Io so cosa vuol dire non tornare.
A traverso il filo spinato

ho visto il sole scendere e morire;
ho sentito lacerarmi la carne
le parole del vecchio poeta:
"Possono i soli cadere e tornare:
a noi, quando la breve luce è spenta,
una notte infinita è da dormire".

Ostjuden

Padres nuestros de esta tierra,
Mercaderes de múltiple ingenio,
Sabios sagaces de la prole numerosa
Que Dios diseminó por el mundo
Como Ulises la sal en los surcos:
He vuelto a encontraros en todas partes,
Tantos como la arena del mar,
Vosotros, pueblo de cerviz altiva,
Tenaz y pobre simiente humana.


Ostjuden

Padri nostri di questa terra,
Mercanti di molteplice ingegno,
Savi arguti dalla molta prole
Che Dio seminò per il mondo
Come nei solchi Ulisse folle il sale:
Vi ho ritrovati per ogni dove,
Molti come la rena del mare,
Voi popolo di altera cervice,
Tenace povero seme umano.

da “Ad ora incerta”
Garzanti, Milán, 1984

Traduccion  de Eduardo Conde.




Si esto es un hombre

Ustedes que viven seguros
En sus tibias casas,
Que encuentran al volver a la noche
La comida caliente y rostros amigables

Consideren si esto es un hombre:
Trabaja en el fango
No conoce paz
Lucha por medio pan
Muere por un sí o por un no.
Consideren si esto es una mujer,
Sin pelos y sin nombre
Sin fuerza ya para recordar
Vacíos los ojos y frío el regazo
Como una rana de invierno.

Piensen que esto ocurrió:
Les encomiendo estas palabras.
Tallénlas en el corazón
En casa o caminado por la calle,
Acostándose levantándose;
Repítanlas a sus hijos.

O se les caiga la casa,
La enfermedad los paralice,
Los hijos les vuelvan la cara.

Primo Levi (Turín, 1919-1987)
Versión de Jorge Aulicino

Nota: el poema es el acápite de Si questo è un uomo, memoria del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, 1947; Einaudi, Turín, 1976



Se questo e' un uomo

Voi che vivete sicuri
nelle vostre tiepide case,
voi che trovate tornando a sera
il cibo caldo e i visi amici:

considerate se questo è un uomo,
che lavora nel fango,
che non conosce pace,
che lotta per mezzo pane,
che muore per un sì o per un no.
Considerate se questa è una donna
senza capelli e senza nome,
senza più forza di ricordare,
vuoti gli occhi e freddo il grembo
come una rana d’inverno.

Meditate che questo è stato:
vi comando queste parole.
Scolpitele nel vostro cuore,
stando in casa andando per via,
coricandovi alzandovi;
ripetetele ai vostri figli.

O vi si sfaccia la casa,
la malattia vi impedisca
i vostri nati torcano il viso da voi.

domingo, 20 de junio de 2010

Jorge Luis Borges (Buenos Aires 1899, Ginebra 1986)



Final de año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil,
algo que no encontró lo que buscaba.

De Fervor de Buenos Aires (1923)

El go


Hoy, 9 de septiembre de 1978,
tuve en la palma de la mano un pequeño disco
de los trescientos sesenta y uno que se requieren
para el juego astrológico del go,
ese otro ajedrez del Oriente.
Es más antiguo que la más antigua escritura
y el tablero es un mapa del universo.
Sus variaciones negras y blancas
agotarán el tiempo.
En él pueden perderse los hombres
como en el amor y en el día.
Hoy, 9 de septiembre de 1978,
yo, que soy ignorante de tantas cosas,
sé que ignoro una más,
y agradezco a mis númenes
esta revelación de un laberinto
que nunca será mío.



Piedras y Chile

Por aquí habré pasado tantas veces.
No puedo recordarlas. Más lejana
que el Ganges me parece la mañana
o la tarde en que fueron. Los reveses
de la suerte no cuentan. Ya son parte
de esa dócil arcilla, mi pasado,
que borra el tiempo o que maneja el arte
y que ningún augur ha descifrado.
Tal vez en la tiniebla hubo una espada,
acaso hubo una rosa. Entretejidas
sombras las guardan hoy en sus guaridas.
Sólo me queda la ceniza. Nada.
Absuelto de las máscaras que he sido,
seré en la muerte mi total olvido.

de Los Conjurados

A un gato:

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

Beppo

El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?



El ingenuo

Cada aurora (nos dicen) maquina maravillas
capaces de torcer la más terca fortuna;
hay pisadas humanas que han medido la luna
y el insomnio devasta los años y las millas.

En el azul acechan públicas pesadillas
que entenebran el día. No hay en el orbe una
cosa que no sea otra, o contraria, o ninguna.
A mí sólo me inquietan las sorpresas sencillas.

Me asombra que una llave pueda abrir una puerta,
me asombra que mi mano sea una cosa cierta,
me asombra que del griego la eleática saeta

instantánea no alcance la inalcanzable meta,
me asombra que la espada cruel pueda ser hermosa,
y que la rosa tenga el olor de la rosa.


El instante

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.

martes, 25 de mayo de 2010

Zoi Karelli( Salónica 1901 , 1998)

Musicalidad

Bella música de los días
otoñales en Tessalónica
cuando la lluvia cae, a veces, densa
o también ligera , y después nuevamente
se intensifica esa lluvia plateada
de los primeros días otoñales,
tan diáfana y delgada como

una conversación lenta y musical de mujeres
en el otoño de su vida.
De aquellas mujeres que permanecen
tranquilas y en silencio,
un poco orgullosas y melancólicas
y que , a veces , cuando hablan
se apresuran a decir aquello
que tal vez quisieran olvidar.

(1955)

Traduccion de Nina Anghelidis y Carlos Spinedi

El Árbol

Me extiendo como las ramas, como las hojas,
sensaciones tengo alrededor de mi cuerpo, recuerdos
murmullan, se tocan, se mueven
tranquila o fuertemente.

Parecen iguales las ramas,
el viento de la vida
con juegos y luces,
muestra su diferencia.

Parecen iguales todos los días,
pasan por encima de mí.
Me rodea el día,
la noche me abraza.

Se doblan las ramas, las hojas,
los recuerdos, las sensaciones chocan contra mí,
pájaros hacen su nido en secreto,
voces escondidas en las más densas
y frondosas ramas de la fantasía.

Como si se avecinara una tormenta,
el embellecimiento de las cosas me golpea.
Mi cuerpo recto se sostiene,
se queda inmóvil el alma y crece
como si no le importara mi atavío…

que se va y regresará,
se marchita y se cae
para brotar otra vez mi vida

Traducido por Andres Aguilar

domingo, 2 de mayo de 2010

Juan L. Ortiz (Puerto Ruiz 1896 , Paraná 1978)






Dios se desnuda en la lluvia.

Dios se desnuda en la lluvia
como una caricia
innumerable.
Cantan los pájaros entre la lluvia.
Las plantas bailan de alegría mojada.

La tierra
como una hembra
se disuelve en los dedos penetrantes
con una palidez de mil ojos desmayados.

Camino bajo la lluvia, todo mojado, cantando,
hacia mirajes que huyen en un rumoroso sueño.

¡Lluvia, lluvia!
Desnudez del dios
primaveral,
que baja danzando, danzando,
a fecundar la amada
toda abierta de espera, quebrada ya de ardor
amarillo y largo.




Fui al río...

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.

Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

domingo, 11 de abril de 2010

Mirella Muia (Calabria ,1947)



La Madre

Cuando nací
ya existía ese sordo rumor;
alguien tejía,
no supe nunca quién
( ¿tal vez una vecina,
una mujer de negro
olvidada?)
No importaba-era siempre
ese sordo sonido
que iba y venia
en un cuarto lejano.
Cuando nació mi hija
todas estaban
a mi alrededor:
yo buscaba
que era lo que faltaba
-era ese sordo ruido.
Alejé entonces con mis propias manos
el paño fresco de la frente
y dije a la mujeres que una de ellas
fuera al cuarto lejano
y se sentara al telar.
Fue así como volví a oírlo,
y hubo de nuevo aquel
escandido silencio.
Mi hija nació en ese silencio.

(La Tela,1986)

Traduccion de Pablo Anadon

La Madre (I)


quando nacqui
c’era già quel tonfo sordo:
qualcuno tesseva
non seppi mai chi
(una vicina forse
o una donna in nero
dimenticata?)
Ma non importava —
era sempre lo stesso sordo rumore
che andava e veniva
in una stanza lontana
Per anni l’ho udito
Quando nacque mia figlia
erano tutte attorno a me
Ma cercavo
che cosa mancasse:
era quel rumore sordo
Allora respinsi con le mani
il panno fresco sulla fronte
e dissi alle donne
che una andasse in una stanza lontana
e si mettesse al telaio
Così l’udii ancora
e fu di nuovo quel silenzio scandito
Mia figlia nacque
in quel silenzio


(La Tela,1986)

sábado, 10 de abril de 2010

Amelia Biagioni (Gálvez, 1916-Buenos Aires, 2000)



La llave

Silencio mío, mídete en la llave,
intensidad que vive cuando gira,
toca su sí, su no, su dura clave,
su diminuta omnipotencia mira.

Hay, en el frío de su espera grave,
llama que en el aire intemporal delira,
y hay la verdad, porque la llave sabe
amar, que es entregarse sin mentira.

Dice que el mundo es flor honda y oscura,
y su contacto, densa mordedura,
en danza del encuentro y del adiós.

Dice que el tiempo es sólo la aventura
de andar y andar por una cerradura
y en remolino descifrar a Dios.

De la serie Habitacion 114 del libro " La llave" Editado en 1957


Decir

3.

Cuando recibo una palabra inesperada
la retengo y vigilo sus diferentes porvenires
hasta que alguno e ellos
de pronto se recuerda se incorpora
y no hay palabra ya
sino un gran viento que me empuña.

5.

Persiguiéndome por los ríos
espero alcanzarme en el mar
y encontrar en mi infancia
un dios irresistible
un sonido que abra y cierre a los otros
como un nocturno barco surcando un arpa.


del capitulo Cazador en trance del libro "Las cacerías " 1976


Manifiesto

Yo me resisto,
en la calle de los ahorcados,
a acatar la orden
de ser tibia y cautelosa,
de asirme a la seguridad,
de acomodarme en la costumbre,
de usar reloj y placidez,
aventura a cuerda,
palabra pálida y mortal
y ojos con límites.

Yo me resisto,
entre las muelas del fracaso,
a cumplir la ley de cansarme,
de resignarme,
de sentarme en lo fofo del mundo
mortecina de una espada lánguida,
esperando el marasmo.

Yo me resisto,
acosada por silbatos atroces,
a la fatalidad
de encerrarme y perder la llave
o de arrojarme al pozo.

Con toda la médula
levanto, llevo, soy el miedo enorme,
y avanzo,
sin causa,
cantando entre ausentes.

del capitulo Vértices del libro El Humo 1967

de la serie "Escrituras de rana",


De boca cerrada no salen moscas.

A marido regalado
no se le mira el príncipe.

pertenece al libro Las cacerías 1976


Cavante , Andante


A veces
soy la sedentaria.

Arqueóloga en mí hundiéndome,
excavo mi porción de ayer
busco en mi fosa descubriendo
lo que ya fue o no fue
soy predadora de mis restos.

Mientras me desentierro y me descifro
Y recuento mi antigüedad,
pasa arriba mi presente y lo pierdo.

Otras veces
me desencorvo con olvido
pierdo el pasado y soy la nómada.

Exploradora del momento que me invade,
remo sobre mi canto suyo
rumbo al naufragio en rocas del callar,
o atravieso su repentino bosque mío
hacia el claro de muerte.

Y a extremas veces
mientras sobrecavándome
descubro al fondo mi
fulgor inmóvil ojo
de cerradura inmemorial,

soy ave llave en el cenit
ejerciendo
mi remolino.

De Región de fugas (1995)



domingo, 14 de marzo de 2010

Cesar Mermet(1923 Malabrigo , 1978 Buenos Aires )




El dios de mi país

En mi país reina otro dios,
en mi país la culpa de existir nos cuesta el doble,
en mi país vivir no tiene gracia,
no hay perdón ni salida para nadie.

En mi país no hay verdaderos poderosos
ni afortunados ni amados del destino,
nadie cumple su forma entre nosotros,
nadie dibuja con el fino albedrío
entre necesidad y libertad
la bella constelación de sus días.
En mi país castramos al destino
y es el azar el nuncio de nuestro dios
y todo es igualmente llano y triste y vano
y la llanura un cuadrado perfecto
que resuelve el círculo vertiginoso del día
limitado de lisa condenación por los cuatro costados.

En mi país reina otro dios;
nos pasamos los días
escrutando sus caprichosas leyes
para burlarlas,
pero su legislación es flexible y ágil
como nuestra maniobra,
y tal vez determinada
por cada malicioso movimiento de nuestro cálculo.

En mi país de limos y sedimentaciones
se deshace el sentido, se dispersa y derrumba,
porque el dios que en mi tierra reina
ama lo que no permanece,
lo que abdica su ritmo y su designio,
su ciclo y su memoria
y el mínimo deber de ser idéntico.

En mi país reina otro dios que no entendemos,
bajo su mano tramamos una historia incomprensible
y nos complace ocultar nuestro vacío con nuestras faltas,
confundiendo a los países y a los cielos.

En nuestro país reina un dios que nos fustiga,
que tal vez es nuestra culpa,
no nuestro juez sino nuestra verdadera culpa,
la acumulación monumental de aplazamientos desesperanzados,
sombrío dios de nosotros nacido
como una humedad triste de todos nuestros cuerpos,
y como una niebla venal que nos excusa y nos prescinde.

En mi país no somos hijos, ni hermanos, ni padres,
porque el primer parentesco está viciado.
Porque dios no es padre entre nosotros,
no somos huérfanos, sino solos.

Mi patria sin embargo
fue una vez la madre
y por esos días hubo parentescos
y el espacio de las relaciones giraba vivamente
como el sol en los tres patios
de una noble casa agraria.
Y el vacío entre los unos y los otros
era real y nutricio, real y tenso, y tañía.
Y las grandes provincias del odio y del amor
hacían un cuerpo.

Tuvo el valor su vara por entonces
y la vara era sana.
Porque dios
era el trozo original de las materias,
luz del sueño,
fondo del acto,
compás de la danza,
tiempo del paso,
aire del gesto,
medida del jarro,
virtud del alimento,
sonido de la moneda.
Porque dios por entonces era el padre.

Pero ahora el dios que en mi país reina
se funda y se edifica sobre nuestra caída,
enferma la carne del ganado,
destempla el metal de las máquinas,
equivoca las medidas de la labor,
trastrueca las fechas del plazo,
penetra entre el trabajo y la moneda
como una ínfima, temible falta,
y con error finísimo
multiplica las fatigas, las distancias y los plazos;
envenena el corto sueño,
el amor y el engendro.
Y entre palabra y palabra
y entre los mecanismos de la sintaxis
y entre palabra, y cosa y acto,
destila nuestro dios omnipresente caos primero;
y por él la comunicación y el comercio
se confunden y enloquecen
y la circulación de la sangre,
y el tránsito de los vehículos,
y así en la carne como en la calle
el cáncer inexacto y tumultuoso crece.

En mi país hay un dios que no nos ama,
nos malquiere como la sombra al cuerpo,
como engendrado por nosotros a nuestra semejanza,
nos gobierna tal como lo hicimos,
a imagen de nuestra próspera miseria,
de la que se dijo crezca, se multiplique y perpetúe,
hasta que sea purgada la soberbia
de querer comenzar por el discurso
y no cabalmente por las manos,
y no por la amorosa encarnación
del doloroso tiempo,
así como en otras tierras
en que el Logos se hizo carne.

Pero en mi tierra la carne se hizo Logos.
Y es así de injusto, triste y perverso el dios que nos olvida.


1962

Shopping Center

Gastar es delicia miserable, dolorosa y malignamente irreal
como un flotante orgasmo en el ajeno sueño.
En estas submarinas galerías del mito del fasto,
en estas exposiciones de modelos mentales,
alusivos brillos y señales preciosas,
yo podría comprar cualquier cosa hasta cualquier hora
mientras la luz permaneciera inmóvilmente fría
y el aire sin dolor ni memoria
ni olor a muerte ni a vida
y la música durara, funcionara,
suscitándome cielos viscerales, fosforescencia nerviosa,
pululación parásita en el vacío del espíritu.
Vagabundear, flotar, comprando,
responder dócilmente a los llamados,
entregarse culpable, oblicuamente
al poder suasorio de los objetos,
descansa de vivir, absuelve de vivir, desvive un rato.

En esta hora detenida en la plenitud cruel de la mercancía
yo no vivo, yo compro una pausa y un limbo a salvo de la vida,
yo entro gustoso a la mágica operación de la oferta,
a su liturgia abstraída, a su fijeza inexorable,
y a la proclividad de la demanda caigo
como a un vicio anodino, no de la carne sino del alma,
pecado de voluntad y de templanza.
Aquí estoy, gastando sin caridad ni amor
ni necesidad ni alegría
mi temperatura de mamífero viril, mi agresividad festiva,
consumiendo tiempo y sonido, amortiguada melopea,
música refrigerada, el sedante consuelo que segrega el aire
vibrando en los cromados como espacio suntuario,
iluminando de prestigio exacto y falso
lujosos fetiches incapaces de milagro,
la módica teofanía de los tiempos finales
exhibida y detallada en nichos deslumbrados.
Me place esta nueva droga, comprar, gastar, fácil sangría,
tobogán helado, deshielo lunar,
perder por los bolsillos mansos, por las manos laxas,
los muchos, los pesados días,
las canceladas fechas que integran la soldada.
Tras de haber repechado treinta
verdaderos ríspidos días
en contra de sí, de la sangre y de lo justo,
dejarse ir, caer desde la cumbre inútil
con sencillez suicida y aceptación justiciera,
entregándose al gasto, limpiándose del beneficio infame,
deslizándose a la compra por falta de horizonte,
por asfixia de futuro y desesperanza de la libertad.
Gastar, situarse expuesto
en el sitio de tránsito del trueque,
en la articulación del vaivén
entre objetos intocables y personas fantasmales;
repetir, renovar, reiterar un equívoco de la esperanza,
una apetencia ilusoria, un espejismo de las manos,
soñando, sin creerlo, en apresar el aura irreal,
la seducción satánica de la mercancía,
queriendo ansiosos ser
como la encantatoria apelación nos supone,
tal como nylon, metal, cristal, polyester,
nos presumen;
soñando la posesión imposible,
el misterio cálido y vivo de las viejas materias,
la hueca orfandad de madre de las nuevas,
nacidas de la cabeza del hombre
como cálculos precipitados al tiempo;
y el enigma real de la cosa cabal y desnuda
inocente de historia, anterior a marca y etiqueta.
Recorremos el laberinto amable
empobreciéndonos en el momento
en que nos anunciamos y nos confirmamos, comprando,
empequeñeciéndonos en el instante en que asumimos
gesto de crecimiento, de poder y dominio.
Con impudor cómplice y un sabor a impostura, sin embargo,
entramos al clan de los sonrientes dispendiosos,
desesperados abundosos, lujuriosos desdichados,
condenados al irónico sino de la indigencia de sí,
a la desposesión de sí, anónima y melancólica.
Aquí estamos los sonámbulos consumidores,
caminando sobre alfombras de goma,
recorriendo el juego abstracto del poder sin poderosos,
del dinero sin dueño, y del reino sin rey,
donde los amos obedecen y los servidores sobornan,
pero reina el Becerro, la maquinaria insomne,
y toda la mecánica acontece caída del Ser, a los bordes del Ser,
en la enajenada zona del valor violado.

1963

Contratapa de "La lluvia y otros poemas"

En una de sus cartas, Emily Dickinson dejó escrito que publicar no es parte esencial del destino de un poeta. Nunca sabremos si César Mermet conoció ese hoy escandaloso dictamen, pero su vida lo confirma. Prefería soñar, escribir y corregir eternos borradores. He conversado algunas veces con él; no me dijo que era poeta. Sé que era un curioso lector; su memoria estaba poblada de versos. Quizá pensara que publicar es resignarse a un texto definitivo; Félix della Paolera, para compilar este libro, tuvo que descifrar intensos manuscritos que se ramificaban en variaciones.
No diré que fue un gran poeta porque, en este caso, el epíteto disminuye al sustantivo. Diré algo más; diré que fue plenamente un poeta. Su obra, que yo no sospechaba, me ha conmovido; he sentido en ella la presencia de las tierras de Santa Fe y de Mendoza. No se trata, por cierto, de descripciones; se trata de experiencias de la emoción.

Jorge Luis Borges

(Contratapa de La lluvia y otros poemas de César Mermet, Buenos Aires, 1980)