miércoles, 29 de noviembre de 2017

Juan Rodolfo Wilcock (1919, Buenos Aires , 1978, Lubriano, Italia )






La flor

Ya majestuosamente la noche se despliega
sobre todas las plantas.
Oh déjame besar tus manos,
tus labios, en la sombra.
Veo una hermosa flor entre los yuyos.



El inminente

Como la lluvia sobre el agua,
el cielo gris, las nubes,
todo desciende y huye.
Entre las olas cruza un ave oscura.
Oh déjame ver en tus ojos
un dibujo con palacios de cristal, con estanques
donde flotan las plantas!
He muerto ya de amor,
no existo, soy el aire,
estoy en torno tuyo.
Oh amante! Un nombre como el viento,
el color de los árboles, una rama
sobre tu frente suspendida; el tiempo,
el tiempo que tú quieras atravesar,
la época de las flores.



Enero

III
La luna desciende de los plátanos inmóviles. Quererte
no es más que un gran silencio en las corrientes
de la noche indecisa.
Si alguien, tal vez, pasara con tu rostro,
si me preguntaran algo con tu voz,
oh indiferente!, todo
caería de pronto en el espacio,
me verían extendido alrededor de los árboles,
encerrando sus troncos como la neblina del crepúsculo,
perdido en el fondo de las barrancas;
alejado
por donde pasa la noche.


IV
De nuevo en mí,
oscureciendo mi vista, levantando nubes
de polvo sobre un río dormido,
el amor,
como una flor cálida que se abre en mi pecho.
De nuevo solo, con una rama en la mano,
y envuelto por los círculos de un viento que se lleva el mundo
arrastrado, deshecho en pedazos grises.

Esperando, midiendo el curso de las estrellas,
cantando como si no tuviera un cuerpo
ni un nombre; desaparecido.




Del libro " Los Hermosos dias"
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