lunes, 20 de febrero de 2012

Yehuda Amijai (Wurzburg, Alemania, 1924- Israel, 2000)




El hombre en su vida


No es posible que el hombre tenga
en su vida tiempo para todo
y que tenga un lugar para
cada objeto. El Eclesiastés se equivocó en eso.
El hombre debe amar y odiar al unísono
con los mismos ojos llorar y reír
con las mismas manos lanzar piedras
y también recogerlas,
hacer el amor en la guerra
y guerra en el amor.
Odiar y perdonar, recordar y olvidar
arreglar y desordenar, comer y asimilar
lo que la difusa historia
hace a lo largo de los años.
El hombre no tiene tiempo en su vida,
cuando pierde algo lo busca,
cuando lo encuentra se olvida, cuando se olvida se enamora
y cuando se enamora empieza a olvidar.
Su alma tiene experiencia,
es muy profesional,
pero su cuerpo es siempre de un aficionado.
Busca y se equivoca,
no aprende y se embrolla
borracho, ciego en sus placeres y sufrimiento.
El higo morirá en el otoño
encorvado, y lleno de sí mismo y dulce,
las hojas se secan en el suelo
y las ramas desnudas indican
hacia el lugar que hay tiempo
para todo.
Traducido por Arie Comey


Jerusalén

En una azotea de la Ciudad Vieja
hay ropa iluminada con la última luz del día:
sábana blanca de una enemiga,
toalla de un enemigo
para secar con ella el sudor de su frente.
Y en el cielo de la Ciudad Vieja
una cometa.
Y al final del hilo
un niño,
>que no vi
a causa de la muralla.

Hemos izado muchas banderas.
han izado muchas banderas.
Para que pensemos que están contentos.
Para que piensen que estamos contentos.
Traducción: Raquel García Lozano


Mi niño exhala paz

Mi niño exhala paz.
Cuando me inclino sobre él,
no es sólo el olor del jabón lo que me llega.

Todos han sido niños que exhalaban paz.
(Y en toda esta tierra no ha quedado
una sola rueda de molino que se mueva).

Oh tierra rota como ropa
que ya no tiene compostura!
Padres duros y solos aun en las cuevas de la Majpelá.
Silencio huérfano, sin hijos.

Mi niño exhala paz.
El vientre de su madre le ha prometido
lo que Dios no puede
cumplirnos.
Traducción: Esther Solay-Levy

Soy un profeta pobre

Soy un profeta pobre. Como un niño pobre que sólo tiene
dos colores. Yo pinto mi vida con guerra
y amor, con ruido y silencio.

Los grandes profetas tiraron la mitad de sus profecías
como cigarros humeantes a medio fumar.
Yo las recojo y hago con ellas profecías pobres.

En depósitos llenos de agua el agua está callada,
y en tuberías vacías gime y jada la no-agua.

Las palabras absorben “sangre, sudor y lágrimas”
y son arrojadas a la basura. Palabras de usar y tirar
como pañuelos de papel. Hombres de usar y tirar
esa es su eternidad.

Las palabras deberían haber estado vacías
y ser estrictas y severas, como la línea divisoria de las aguas.
Desesperación y esperanza, alegría y tristeza, tranquilidad y furia
tendrían que haber fluido hacia los dos lados
de un nuevo ciclo.

Soy un profeta pobre. Vivo en la esperanza de los demás,
como en un rayo de luz no destinado a iluminarme,
mi sombra es como mi apariencia, como mi imagen,
pero en mi cuerpo escondo una ilustre y bonita figura,
voy entre el vidente y su visión.

Soy un profeta pobre que al mediodía vuelve a su casa
a comer y descansar y por la tarde a dormir.
Tengo vacaciones y años sabáticos
y seguro de vida y pensión para la vejez.

Comencé mi vida tan abajo.
Cuando asciendo con embriaguez de alma,
cuando llego a lo alto de mis visiones,
me encuentro con gente cotidiana
que tiene hijos y trabajo, y preocupaciones familiares
e inquietudes caseras. Esas son mis visiones. Soy un profeta pobre.

También el puño fue una vez una mano abierta y dedos, 1889. Traducción de Raquel García Lozano.



Me siento junto a la ventana



Me siento junto a la ventana.
Los días perdidos no serán devueltos a la policía.
Los militares tienen prisa
como las estrellas.
Los hombros asciendes de graduación,
sus mangas ascienden no sus corazones.

Enciendo la radio del cielo,
apago el viento.
Habrá mucha rutina
y pocas lágrimas,
la puerta de mi casa es
la hija menor de la puerta del cielo.

Quiero continuar
sentado entre dos sillas,
sobre la buena tierra,
quiero vivir entre mi apellido y mi nombre
quiero vivir entre mi apellido y mi nombre
y no ser de ninguno de ellos.

Lo que nos entristece se queda con nosotros,
tiene nombres como las calles,
sólo las cosas alegres
siguen adelante
sin nombre.

Traducción Raquel García Lozano

Autobiografía en el año 1952.

Mi padre construyó sobre mi una gran inquietud como un astillero,
una vez salí de ella sin estar terminado
y él se quedó con su gran inquietud, vacía.
Mi madre como un árbol en la playa entre sus brazos extendidos detrás de mi.
-

En el año 31 mis manos eran joviales y pequeñas
y en el año 41 aprendieron a usar un arma
y cuando amé por primera vez
mis pensamientos eran como un manojo de globos de colores
y la blanca mano de la joven los ató todos
con un hilo fino después los dejó volar.


En el año 51 hubo un movimiento en mi vida
como el movimiento de muchos esclavos remando en un barco,
y la cara de mi padre, como un foco al final del tren que se aleja,
y mi madre encerró todas las nubes en su armario marrón
Subí por mi calle empinada,
cuando el siglo veinte era la sangre de mis venas,
sangre que queda salir en muchas guerras
y por muchos orificios,
por eso golpea mi cabeza desde dentro
y llega en olas enfurecidas a mi corazón.

Pero ahora, en la primavera del 52 veo
que han vuelto más pájaros de los que se fueron el invierno pasado.
Vuelvo por la pendiente de la montaña a mi casa
y en mi habitación está la mujer, con su cuerpo pesado
y lleno de tiempo.

Traducción Raquel García Lozano
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