domingo, 30 de agosto de 2026
"What a Wonderful World " partitura en saxo alto
Mi profesor, Neke, me había propuesto tocar *What a Wonderful World* en la próxima clase, quizás como compensación por algunas baladas bastante más complicadas que me había hecho sufrir al sacarlas últimamente.
Para relajarme un poco del estrés, me adelanté. Busqué la partitura y saqué el tema antes de la clase.
La melodía me resultó inmediatamente optimista, un canto a la vida. Después leí la letra y descubrí que letra y música estaban en perfecta armonía: los árboles verdes, las rosas rojas, el cielo azul, los amigos que se saludan, los chicos que crecen.
Y entonces escuché a Louis Armstrong cantarla.
Hay canciones que uno escucha y otras que, por alguna razón, entran por otro lado. Armstrong cantando *What a Wonderful World* literalmente me pone la piel de gallina. Más todavía cuando uno conoce algo de su historia personal, de la pobreza y el racismo que atravesó, y piensa que esa voz cascada, que había conocido un mundo bastante menos maravilloso que el de la canción, podía todavía cantarle de esa manera a la vida.
Mientras la tocaba pensé que quizás yo no agradecía lo suficiente los dones que la vida me había dado. No fue una reflexión demasiado elaborada. Apenas una sensación que quedó dando vueltas mientras guardaba el saxo.
Un rato después salí al supermercado de la esquina a comprar algunas cosas que faltaban.
En la puerta había una señora mayor. No estaba mal vestida ni tenía el aspecto que uno suele asociar inmediatamente con alguien que pide en la calle. A cada persona que entraba le preguntaba si podía comprarle algo para comer.
A mí me pidió una leche y, por supuesto, se la compré.
Había algo en esa mujer que invitaba a ayudarla. Pero entonces noté algo más: prácticamente todos los vecinos que entraban al supermercado salían con alguna de las cosas que ella les había pedido.
Durante unos minutos aquella esquina pareció un lugar un poquito mejor.
Volví a casa pensando en la canción.
Aunque después se me ocurrió otra explicación.
¿Será que mis vecinos me escucharon tocar *What a Wonderful World* y se contagiaron?
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