sábado, 6 de febrero de 2016

Isabel Allende : extractos del "El oficio de Contar"




"Es un placer conversar con ustedes, los locos que leen. Dicen que somos una especie en vías de extinción, porque la cultura del ruido y el apuro está acabando con nosotros, pero la verdad es que cada día se publican más libros, así es que debe haber muchos lectores secretos escondidos en los rincones del mundo. Algunos de nosotros preferiríamos estar en cama con un buen libro que con nuestra estrella favorita del cine; pero no se preocupen, seguramente nunca tendremos la oportunidad de escoger. Nosotros, los lectores compulsivos, estamos unidos por un insaciable apetito de historias. Como los niños, deseamos sumergirnos en la magia de la narración, perdernos en el universo que nos propone el autor, sufrir y gozar con los personajes, que en algunos casos llegan a ser más importante que los miembros de nuestra propia familia. No podemos vivir sin libros: los compramos, los pedimos prestados y no los devolvemos, los robamos si es necesario, los coleccionamos. Permítanme contarles cómo y por qué escribo. El vicio de contar se manifestó muy temprano en mi vida. Tan pronto aprendí a hablar empecé a torturar a mis dos hermanos con cuentos tenebrosos que llenaban sus días de terror y sus sueños de pesadillas. Recuerdo una escena en la habitación que los tres compartíamos: la lámpara está apagada y la única luz viene del pasillo, por la puerta entreabierta; mis hermanos están sentados en la cama, pálidos, con los ojos desorbitados, temblando, mientras les cuento una historia de fantasmas. La casa de mi abuelo, donde vivíamos, era grande y sombría, perfecta para convocar espectros. Más tarde en mi vida, mis hijos tuvieron que soportar el mismo martirio de los relatos espeluznantes. En mi etapa adulta, sin embargo, los cuentos me han servido para seducir hombres: no hay nada tan sensual como una historia contada con pasión entre dos sábanas recién planchadas."


" Me crie en una casa donde las paredes estaban cubiertas de estanterías con libros. Los libros se reproducían de modo misterioso, se multiplicaban como una maravillosa jungla de papel impreso. En la noche, me parecía oír desde mi cama a los personajes que escapaban de las páginas y vagaban por las oscuras habitaciones. Caballeros, doncellas, brujas, piratas, bandidos, santos y cortesanas llenaban el aire con sus aventuras. Una madrugada, durante uno de nuestros famosos terremotos, las estanterías se vinieron al suelo con terrible estrépito. Horrorizada, comprendí que los personajes no podrían encontrar el camino de regreso a sus páginas y se verían forzados a buscar refugio en el primer volumen a su alcance. ¿Se imaginan la confusión, el caos, el descalabro del tiempo y del espacio literarios? La imagen de esos personajes exiliados de su propio libro me ha perseguido desde entonces. A veces imagino que esos seres perdidos acuden a mí para que escriba una historia en la que ellos puedan sentirse a gusto. La escritura es para mí un intento desesperado de preservar la memoria. Por los caminos quedan los recuerdos como desgarrados trozos de mi vestido. Escribo para que no me derrote el olvido."

" El 8 de enero de 1981 recibí en Caracas una triste noticia desde Santiago: mi formidable abuelo, que a tenía casi cien años, agonizaba. Esa noche me instalé en la cocina de nuestro apartamento con mi máquina de escribir portátil y comencé una carta para aquel abuelo legendario, una carta espiritual que seguramente él no alcanzaría a leer. La primera frase fue escrita en trance. Mis dedos volaron sobre el teclado y antes que alcanzara a darme cuenta había escrito: Barrabás llegó a la familia por vía marítima. ¿Quién era ese Barrabás y por qué llegó por vía marítima? El único con ese nombre fue un perro enorme, un gran danés, que según cuentan vivió en mi familia antes de que yo naciera. ¿Qué tenía que ver Barrabás en una carta de despedida a mi abuelo? Aún no lo sabía, pero con la confianza del ignorante, seguí escribiendo sin pausa. En esa época yo trabajaba dos turnos, doce horas al día, en una escuela, pero las noches eran mías. Después de cenar me encerraba a escribir, sin esfuerzo, sin pensar. Mi abuelo murió y seguí escribiendo. Al cabo de un año había quinientas páginas sobre la mesa de la cocina, un manuscrito gordo, sucio, desordenado; ya no era una carta, parecía más bien un libro. En la soledad del exilio quise recuperar mi país, resucitar a los muertos, reunir a los dispersos. La nostalgia por Chile, mi patria a los pies del mundo, motivó La casa de los espíritus. Ese Barrabás que llegó por vía marítima y los otros personajes de aquella primera novela cambiaron mi destino y me iniciaron en el mundo sin retorno de la literatura."

" Creo que mis libros no nacen de una idea, sino que crecen en el vientre como una semilla pertinaz. No escojo el tema, el tema me escoge a mí. Mi trabajo consiste en dedicar suficiente tiempo y disciplina a la escritura, para que los personajes aparezcan de cuerpo entero y hablen por sí mismos. No los invento, creo que existen en una misteriosa dimensión, esperando que alguien los traiga al mundo. Cada 8 de enero, cuando comienzo otro libro, llevo a cabo una breve ceremonia para llamar a los espíritus y las musas, luego pongo los dedos en las teclas y dejo que la primera frase se escriba sola, tal como ocurrió la primera vez. Me ronda una idea vaga, más bien un sentimiento, pero carezco de un plan, no sé cómo será la historia que voy a contar. Esa frase inicial entreabre una puerta por donde me asomo tímidamente al mundo de los personajes, que poco a poco irán revelándose con sus contornos precisos, cada uno con su propia voz, su biografía, su carácter, sus manías y grandezas. En el paciente ejercicio de la escritura diaria, la historia se va definiendo en forma natural. Los acontecimientos y la gente que he conocido en el viaje de mi vida son mi fuente de inspiración. Por lo mismo trato de exponerme a todos los vientos, sin permitir que los dolores y riesgos inevitables me asusten demasiado. Las experiencias de hoy son mis recuerdos del mañana, serán mi pasado, la materia esencial de la memoria. Supongo que si tuviera una existencia segura y contenta no tendría de qué escribir, por eso prefiero vivir mi vida como una novela. Hasta ahora me ha ido resultando, no me ha faltado melodrama, pero supongo que llegará un momento en que se calmarán las aguas, me pondré anciana y entonces tendré que inventar lo que falta para completar mi propia leyenda. En la mente y el corazón sólo guardo aventuras, amores, duelos, separaciones, cantos y lágrimas, fracasos memorables y éxitos inesperados; las pequeñeces cotidianas han desparecido"

" Como dice mi nieta, yo recuerdo lo que nunca ocurrió. En mi trabajo de escribir, paso tantas horas callada y a solas, que la realidad se me desdibuja y termino oyendo voces, viendo fantasmas e inventándome yo misma. El tiempo se me enreda y empiezo a caminar en círculos; tal vez el tiempo no pasa, sino que nosotros pasamos a través del tiempo; tal vez el espacio está lleno de presencias de todas las épocas, como decía mi abuela, y todo lo que ha sucedido y lo que sucederá coexiste en un presente eterno. Siempre tengo la mente llena de historias, pero no crean que ando distraída, todo lo contrario: ando con los ojos muy abiertos y los oídos atentos, porque lo que ocurre en el mundo también es mi fuente de inspiración. Vivo a través de mis personajes y vivo cada historia como si fuera la mía. Con la edad es más fácil escribir ficción, porque he vivido lo suficiente para ver cómo los círculos se cierran, cómo todo trae consecuencias, todo está interconectado, nada es casual. Una novela no es diferente a la vida. En una novela, como en la vida, no importa el final, sino el trayecto. Día a día se hace la vida, palabra a palabra se hace una novela."

 " Las historias han acompañado a la humanidad desde el comienzo de los tiempos. Algunas, contadas una y otra vez, describen nuestro viaje por la vida y la muerte y se convierten en mitos: el Jardín del Edén, la diosa madre, el diluvio que cubrió el planeta, los héroes en busca del Padre, la lucha entre el Bien y el Mal, los actos de valor, los amores contrariados, los sacrificios necesarios, las batallas contra los dragones de nuestra propia alma. Los grandes temas se repiten innumerables veces, sólo podemos tejer nuevas versiones, pero un narrador hábil puede recrear la historia con el encanto de la primera vez. Nosotros, los latinoamericanos, provenimos de una cultura de narradores. El papel del narrador es interpretar sueños, desenterrar secretos y preservar historias. La tradición oral ha declinado, vencida por medios modernos de comunicación, y ha dado paso a una sólida tradición literaria; el narrador ya no se sienta bajo un tenderete en la plaza del mercado a hipnotizar a los oyentes con sus palabras, ahora escribe, pero su misión es la misma de antes: interpretar sueños, desenterrar secretos y preservar historias."

 " Durante cinco siglos todas las razas del planeta han venido a las costas latinoamericanas: esclavos negros, aventureros y mercaderes europeos, refugiados judíos y asiáticos, inmigrantes y exiliados, eternas procesiones de seres humanos que escapan de guerras, persecuciones y pobreza, o que simplemente buscan nuevos horizontes de esperanza. Llegaron con sus tradiciones, sus lenguas, sus recuerdos y sus dolores, se mezclaron con la población indígena en un abrazo desesperado de odio y de amor, y así dieron origen a un pueblo marcado por un destino trágico y por una imaginación desatada, que tiene su expresión máxima en lo que se ha llamado realismo mágico. El realismo mágico ha pasado de moda en la literatura, los autores jóvenes lo aborrecen, pero sigue vigente en la vida, que está llena de misterios: coincidencias, sueños, casualidades, premoniciones, el poder alucinante de la naturaleza, pasiones y vicios que determinan el curso de la historia. Los latinoamericanos tenemos poco control sobre los acontecimientos o sobre nuestras propias vidas, por eso tendemos al pensamiento mágico, creemos en el destino y la suerte. Eso explica el fervor religioso y la obsesión con los juegos de azar de nuestros pueblos."

" Allí donde los políticos han fracasado, los artistas han triunfado. Escritores, pintores, músicos, poetas, cada uno imaginando la realidad e interpretando el pasado de maneras originales, han creado un coro de voces diversas, pero armónicas. Ellos narran nuestra América al mundo y a nosotros mismos. Ellos nos ayudan a buscar nuestra escurridiza identidad. Son nuestros chamanes."

 " Contar es para mí una experiencia orgánica, como hacer el amor con el amante perfecto. Siempre es exultante. Escribir ha sido mi salvación en las épocas trágicas de mi vida y mi manera de celebrar en las épocas alegres. La literatura me ha permitido exorcizar algunos de mis demonios y transformar mis derrotas, dolores y pérdidas en fuerza. Debo inventar muy poco para mis novelas, porque la realidad es siempre más espléndida que cualquier engendro de mi imaginación. Llevo las antenas dispuestas en todas direcciones para captar las voces del aire, los susurros, lamentos y risas, las pequeñas anécdotas tanto como las grandes aventuras. En el mejor de los casos, la escritura intenta dar voz a quienes no la tienen o a quienes han sido silenciados, pero cuando escribo no me impongo la tarea de representar a nadie, trascender, dar un mensaje o explicar los misterios del universo, simplemente trato de contar la historia en el tono de las conversaciones privadas. Desde que comencé a escribir, hace un cuarto de siglo, me he convertido en una voraz cazadora de historias."



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