sábado, 2 de mayo de 2015

Amira Juri (Cordoba, 1969)




1

El lenguaje
nacido entre algodones y piedras
se forjó diversos cuerpos
en la encrucijada: simultáneo/sucesivo.
Habitó la luz y lo oscuro
bebió agua de manantial
probó de sórdidos riachuelos.
Querencia y aversión en todo su cuerpo
cuando quiere adherirse
a los objetos, a los seres, a las cosas.


28

Con Jorge Luis Borges tuvo fisonomía argentina:
“en el dialecto de hoy
diré a mi vez las cosas eternas”.
El caballero fundaba escaleras, puertas, alephs,
fusionaba noches, muertes, universos,
descubría epístolas apócrifas en la Edad Media,
balbuceaba el imprescindible ser contingente del lenguaje,
cerca de la barca de madera
que “no sabe, nunca lo sabrá, que la premeditaron”.

52

Giorgio Agamben apunta:
“hasta el siglo XVIII se sospecha que también los pájaros hablan”.
Una fisura liga y separa la “humanitas” de la “animalitas”
un mirar de guepardo atraviesa el iris del lenguaje.

76

Con un sable afilado el lenguaje
hizo tajos saludables en sus amarras.
Las paredes y los muros se derribaron,
los calendarios detuvieron su imperio.
La inocencia del mundo asomó por un instante.

86

Diógenes: “el verdadero poder es el poder sobre uno mismo”
un filósofo frugal hurgaba en las máscaras oficiales.
Quería un sol,
sin la interrupción de la arrogancia.
Quería la honestidad
sin la debilidad de quien no acepta el cambio.


90

Antonio Porchia en sus “Voces”:
“el sol ilumina la noche,
no la convierte en luz”.
El ojo de una cerradura fue una bahía,
la esponjosa atomicidad de las cosas
se escondió en la garganta de un toro.

98

Los escombros feroces del tiempo
descuelgan quejidos sobre el cuerpo del lenguaje
un precipicio numinoso abre cuencas en su garganta
un cardumen aturdido recorre su silábica columna.

Del libro "Los cuerpos del lenguaje" editado por la editorial " Huesos de Jibia" 2014
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