domingo, 5 de abril de 2015

John Jairo Junieles Acosta ( Sincé ,Colombia, 1970.)


Una vieja historia

En otro lugar me esperan.
Paul Celan


Esta es una vieja historia.
Mi primer hermano no llegó a nacer
y fue enterrado en el patio,
que es hoy un lugar sagrado.
Luego nací yo.
Mis padres me llamaron como a él,
condenado a saber que cada gesto
y acto mío es inferior a él,
quien hubiera sido capaz de volar,
mientras yo ocupo el espacio suyo,
el aire de sus palabras,
todo eso que me queda grande.

Ya no hay ruidos en el patio,
las gallinas son frutos extraños
en las ramas.
La tarde abre sus venas en el horizonte,
y me trae cosas de otro tiempo.
Cuántas lunas para llegar a mí,
si cuando miro atrás creo que
no son mías las huellas que he dejado.
Hay alguien morándome, yo sé,
somos dos sombras bajo una estrella
que no es la suya.

En el diario del superticioso

No dejo las tijeras abiertas sobre la cama.
Procuro no sentarme de espalda a los espejos.
Las malas noticias me hacen tocar la madera.
Siempre hay hojas de trébol bajo mi almohada.
En luna llena echo semillas de mostaza en mis zapatos,
mientras rezo la oración que abre los caminos.
Me levanto de una mesa si son trece los comensales.
No me acerco a las aves heridas.
Nunca pongo mi maletín en el suelo.
El gato amarillo que se metió en la casa
es una señal de buena suerte
(debe salir por un lugar distinto de donde entró,
de lo contrario la suerte se devuelve)
Cuando tengo miedo cierro los ojos,
cruzo los dedos, cuento hasta cien:
no me gusta pensar en lo que viene después de eso.



Lo que nadie sabe

Mi madre aseguraba que una taza de ruibarbo podía curarlo todo,
hasta los males del amor.

Mi padre pensaba que un poco de dinero era mejor que el ruibarbo y el amor
(además, podía comprar mucho más que eso).

Cuando yo tenía fiebre o estaba triste, ella me daba ruibarbo.
Mi padre me dejaba algunas monedas.

Cuando ella murió él se metió en su cuarto, apagó la luz y sentí que lloraba bajito.
Jamás lo había visto hacer esas cosas y el aire empezó a faltarme.
Toqué la puerta y cuando me abrió dejé en su mano una moneda.


Temeré por mí al final de estas líneas


Sé que está solo,
no como el primer hombre,
sino como el último.

Sabe que cada noche será peor y
ya que no hay nada por hacer.

Sabe que las noches son más largas para él
que para cualquier otro hombre,
que no hay nada que pueda cambiar ese destino,
y ya no tendría el coraje.

Sabe que no hay hadas madrinas de este lado
del sol, que no hay frutas gratuitas,
que los mamíferos no se aman para siempre.

Donde quiera que se encuentre habrá una
parte suya que nunca estará con él.
Tal vez sus ojos llevan estrellas de otros cielos,
sus zapatos, polvo de otros caminos.

Sé que en su pecho se mueve con lástima
una cosa dura, y que cuando pienso en él,
como ahora frente al espejo,
está más solo todavía.
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