sábado, 25 de junio de 2011

Carlos Mastronardi(Gualeguay 1901,Buenos Aires 1976)



Petición de penumbra

Disimula tu vida
Epicuro

Quiso el alma escondida alzar murallas
para ser una patria imperceptible;
oculto anduvo entre secretas vallas
el pobre corazón inaccesible.

Con vergüenza de ser uno y distinto,
mis ignorados bienes defendía,
pero en vano he construido un laberinto,
pues vive en todos lo que yo escondía.

Tejí el dédalo absurdo y vano donde
camino con el goce del secreto,
pero un eco lejano me responde.

Ya oculto en el espacio y en memorias
fugaces, como ayer hoy me prometo
sortear espectros, gentes ilusorias.

De Poemas, Buenos Aires, 1966


Triste Soberania



El vivo azar que fluye te condena
y viene tu niñez sobre sus olas.
Mientras el breve tiempo al mismo tiempo inmolas,
la esperanza te oprime y encadena.


Gozas el laberinto que te pierde,
atas a lo imprevisto la hora vana,
y tus años, esclavos del mañana,
anhelan que un abismo los recuerde.


Cuando vuelves la cara verdadera
a la edad que salió de tus empeños,
la esperanza te deja y te libera.


Sólo recuerdo y paz, nada te asombra:
gastaste un hombre para verlo en sueños
y has creado libertad para una sombra.

Publicado en la Antologia de Eudeba en "Poemas ineditos de distintas epocas"


Para sepultar un olvido



Yo y este paso alegre haciendo muerte…
Camino con el tiempo que es mi sombra
superando jornadas y memorias,
oscuro pordiosero de mis horas.

¿Quién era la que ayer entro en mi día?
Pienso que la efusión fue puerto vano.
Solo viajó con mi olvidar postrero;
crece como un afecto el cruel espacio.

Fui anudando minutos a su espíritu,
y enjoyada se fue con mi pasado.
Confesión de pobreza es el recuerdo,
y hiere otra presencia mi costado

Tal vez no soy aquel que contemplaba
el apasionamiento de un ocaso,
mientras el tiempo que madura adioses
nos iba despidiendo, despojando.

La andanza me buscaba como el sueño.
Un haz de anocheceres ciudadanos
traigo de los momentos que vaciara,
y un viento envejecido y desgajado.

Y en este silenciar que con Dios linda,
me desnudo de noches y de días.

De Tierra Amanecida (1926)





Algo que te concierne

De aquella congregación amable
que ocurrió en Basilea o quizás en Bolonia,
una noche generosa
en rostros, en palabras, en señores insignes
que el acaso juntó por un momento,
todo se ha borrado,
como si las vidas y las circunstancias
y esa misma noche que digo,
no fueran otra cosa
que la trama deshecha de un sueño
fraguado por un dios que nos devora
y que en aire y humo se complace en plasmarnos.
Así, de ese encuentro de sombras corteses,
tan incierto que ya no recuerdo su lugar ni su tiempo,
y cuya condición menguante
es la de todo aquello que se funda en las formas,
en los acuerdos exteriores,
y no en la intensidad que nos construye,
nada me queda, nada sobrevive,
excepto tu pensado rostro.

Puesto que de fervor está hecha la sustancia
de cuanto existe, de aquellas vagas horas
en que sin verse se rozaron muchos,
sólo rescato una persona clara,
y así vuelve a ser vívido el momento remoto
que busco y que persigo con palabras:
entre un fulgor de vasos y perdidos
en la sensible música que engendras,
unos mansos fantasmas, acaso sin saberlo,
se estaban despidiendo para siempre.
Bien lo comprendes:  la dispersión propia de un  sueño:
sin embargo, no es todo un callado naufragio
porque la realidad con tu recuerdo empieza.
Se apagaron los hombres y las luces,
pero una luz más firme le dispensa
continuidad al alma retraída
y una fiesta más honda en mí perdura.
Ahora, en la quietud de la alta noche
bebo el café y doy con una página
donde leo que el Amor filosofa,
porque el eros, a diferencia del ignaro,
busca lo que le falta,
sospecha claridades que están lejos
y pide esencialmente la belleza.

Dejo el antiguo texto. Es tarde. Me devuelven al mundo
el poder inmediato de la noche
y el viento que en los árboles insiste.
Ya han de andar las abejas sobre jardines jónicos.
El tiempo se remansa bajo la inmensa lámpara.
Yo escribo que te quiero.

Semejante a una ternura antigua
regresa al habitual carro del alba,
como si fuera el eslabón que salva
la persistencia, el orden de este mundo.
La ciudad duerme bajo la lenta lluvia.
Suena un vago reloj en el piso de arriba.
Vuelvo a mí mismo, a verte.


(De  su último libro: Siete Poemas -1963



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